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Si los niños hablaran
Quise inspirarme en un verso, donde mi musa me hablara de convocar a los niños para un almuerzo en mi casa. Pero no sólo a los blancos, sino a los indios, los pampas, morenos de Mozambique, pequeños niños de Java, aldeanos de los Urales, solcitos de Guatemala.
Y que disfruten lo bello de ver crecer la mañana y dialoguen sin soberbia, no con la voz, con el alma. Porque los niños no entienden nuestra maldad cotidiana, esto de andar por la vida, separando las majadas según el color de piel, religión, credos o razas.
Quise inspirarme en un verso donde los niños me hablaran de cómo cambiar el mundo, sin disparar una bala, un mundo de chocolate y un cielo de guirnaldas, y duendecitos azules jugando con luces blancas.
En vez de bombas, semillas; en vez de fusil, azadas; para que canten los campos y florezcan las montañas, para que el hombre sea libre al ver brotar la esperanza y se fusionen los sueños, sin color, credos ni razas.
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